26 abr 2011

Diáfano

He tomado el curso del tiempo por lo que pareciera ser su reverso y me he encontrado en Babilonia. Con facilidad aprendí las lenguas, todas, que en ella habitan. Vi caer su noches con sus resplandores fantasmagóricos e hice parte del culto a la divinidades antes de que olvidasen a los hombres. Vi el ciclo de sumisiones regidas por la luna entre los Beths, Alephs y Ghimels. Ningún camino, ningún pasaje me fue ajeno. Supe divertirme en sus juegos tanto como a temerles. En los mercados pude reconocer las mercancías de otras tierras y con igual destreza comerciar las mías. Sus leyes, aunque estrictas, me parecieron justas. Por un parpadeo caprichoso decidí volver a mi presente: todo me pareció... absurdo. He retomado el camino, he vuelto y me he hecho esclavo aunque no sé a quién sirvo. Ahora, en esta sombra del tiempo, escribo en éste, mi idioma, que sin existir, aún no es lengua muerta.

Ville de san Sebastiano, año 27 era Orwell

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